Capítulo 12

Yo de mayor quiero ser

Ilustración creada por Paloma Agüera

Con las rodillas sobre la mesa que hay junto a la pared, el pequeño, con la cara pegada a la ventana, mira fascinado lo que ocurre en la calle. Son las 7 de la mañana y todavía no hay nadie despierto en casa, pero él lleva una tiempo desvelado esperando a pasar el ratito más increíble de cada día. Cuando escucha a su padre arrastrar los pies por el pasillo, recién salido de la habitación y camino a echar el primer pis de la mañana, le llama a gritos y éste, aunque conocedor del asunto que su hijo se trae entre manos, aguanta, aprieta la vejiga, y se apoya junto a su hijo en la mesa a compartir el espectáculo que dos pisos más abajo, en la calle, unos hombres llevan a cabo cada día, de lunes a domingo, casi siempre a la misma hora. 

– Lo tengo clarísimo, papá- dice el pequeño sin dejar de apoyar la nariz achatada por el cristal. 

Antes de seguir el camino que le lleva al WC, le quita las legañas, le besa la frente y echa una última mirada a la calle, donde la función está a punto de terminar. En la puerta de la habitación, como si se acordara de algo que fuera a olvidar después de orinar, se da la vuelta y le dice que todavía queda mucho, que se centrara en estudiar porque para eso, como para cualquier otra cosa, lo más importante es estudiar. El niño, que todavía no ha terminado primaria ni se inmuta con ese imperativo, pero cambia el gesto cuando su padre termina por decir que él de mayor también quiere ser otra cosa.

– Pero si tú ya eres mayor- comenta sorprendido con la cabeza girada hacia la puerta.

En el baño, lavándose las manos frente al espejo, no se ve tan viejo como para no poder ser otra cosa, como para no poder soñar con otro hijo, un trabajo distinto, rutina en una ciudad lejana, nuevos amigos. Con treintaitrés años lo único que tiene, de verdad, es toda una vida por delante. Camino a la habitación para despertar a su mujer y preparar un desayuno juntos, se encuentra, de nuevo, interrumpido por su hijo que le tira del pantalón y que, con un gesto de impaciencia, le grita:

– De mayor quiero ser conductor del camión de la basura.

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